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Yoga nidra y Antar mouna

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Profundizar en yoga, es profundizar en el conocimiento de aquellos lugares en nosotros que permanecen ocultos e inasibles… y uno de ellos es el SUEÑO.
Svami Satyananda dedicó muchos años al estudio y desarrollo de la técnica de YOGA NIDRA cuyo objetivo es lograr una relajación profunda del cuerpo y de la mente para alcanzar el estado que normalmente denominamos sueño, de manera consciente. Es algo así como soñar despierto!!!

Entre sus beneficios, se cuentan:

• Llevar al complejo cuerpo-mente a un estado de relajación profunda.

• Permitir el restablecimiento del equilibrio y la salud general.

• Establecer patrones de relajación física y mental más permanentes.

• Mejorar el descanso nocturno liberando tensiones que normalmente siguen activas cuando dormimos e incluso se potencian.

• Traer a la consciencia y liberar tensiones físicas y emocionales que obstruyen nuestra vida diaria.

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Satya

momento-chai-2Por Laura Paús

Satya, veracidad, se describe generalmente en la literatura yóguica como un estado en el cual nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones están en armonía. Y como consecuencia de alcanzar ese estado, nuestras palabras se volverían más potentes y nuestras acciones más fructíferas…

Me pregunto cómo hacer para vivir en Satya, cuando nuestra mente tiene tantos recovecos y mecanismos inconscientes de ocultamiento, negación o control. A veces, sin darnos cuenta, actuamos siguiendo los mandatos de nuestra mente y nos olvidamos de preguntarle al cuerpo qué necesita, o al corazón qué siente…

En lo personal, me ha servido mucho buscar espacios de sinceramiento y escucha, y preguntarme: ¿qué estoy sintiendo en este momento? O, ¿qué necesito para sentirme serena y en armonía? Incluso, ante alguna situación conflictiva o desafiante, trato de preguntarme: ¿qué me surge, desde lo profundo, hacer ante esta situación? Aunque muchas veces, eso que surge hacer no tenga demasiada explicación racional y hasta parezca, incluso, negar el mundo del “debería ser” de la mente o descuidar ciertos mecanismos aprehendidos de una moral que nunca se cuestiona.

Como todo en Yoga, creo que es un desafío y un ejercicio interesante buscar, una y otra vez, el modo de entrar en contacto con lo que siento y creo verdaderamente, no hablo de una especie de impulso romántico de seguir “lo que dicta el corazón” sin importar las consecuencias; sino más bien, de la posibilidad de contactar con aquello que se presenta en los lugares más viscerales de la mente (el corazón quizás?) a los que posiblemente se acceda por medio del silencio o de la meditación profunda. Y confiar en aquello que aparece ahí como verdadero, asumiendo la responsabilidad de las consecuencias, aunque eso “verdadero” no tenga demasiada explicación lógica y por momentos, hasta parezca rozar la locura.

Confiar en eso y dejarme guiar por el impulso, muchas veces tembloroso, dubitativo, de caminar por terrenos misteriosos y abandonar la “zona de confort”, a riesgo de equivocarme. Pero eso, creo, siempre va a ser más genuino que lo otro, que el impulso autómata de cumplir con el afuera y dejar a todos contentos, menos a mí misma; al actuar unívoco que no da lugar a la riqueza de lo imperfecto, de lo inconcluso que busca completarse, de aquello que desea y que, posiblemente, exprese la sencilla -o más bien complicada- belleza de lo humano.

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Muladhara chakra y los vínculos

muladharaEl Yoga debería ayudarnos a echar raíces en nosotros mismos. Además de abrir la conciencia a otros mundos posibles, es necesario profundizar en el conocimiento de quién realmente somos, cuál es nuestra propia naturaleza, aprender a cuidarla y sanarla, así como saber también cuáles son nuestros límites…

Cuando estamos anclados en nosotros, podemos abrir el corazón sin miedos: sin miedo a perdernos, a dejar de ser quienes somos por estar con el otro o por sentirnos aceptados y amados, sin miedo a ser heridos.

Cuando permanecemos en contacto con nuestro ser y con lo que sentimos, estamos seguros de nuestro propio valor, de nuestras potencialidades y de nuestra capacidad de crear abundancia en todo aquello que deseemos. De este modo, dejamos de relacionarnos con los demás desde nuestras carencias para dar lugar a vínculos más equilibrados e igualitarios, donde es posible nutrirse mutuamente, sin someter o someterse, sin tener la sensación de pérdida…

También, y sin darnos cuenta quizás, comenzamos a abandonar ciertas discusiones, más o menos explícitas, donde argumentamos para validar nuestros puntos de vista, para defender nuestra autonomía o para mostrarle al mundo que tenemos razón.

Sólo cuando nos encontramos a gusto con nuestro interior y nos sentimos seguros con lo que somos, podemos dejar de defendernos, bajar nuestras barreras y mostrarnos vulnerables, sólo entonces nuestro corazón estará preparado para vivir encuentros reales, en verdadera intimidad con nosotros mismos, con la vida y con los otros.

Laura Paús

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El ashtanga yoga de Patañjali

Cuando se habla del ashtanga yoga, sin duda se trata de la primera sistematización del Yoga hecha por Patañjali, considerado por muchos como el padre de esta disciplina, en los primeros siglos de la era cristiana.

En el segundo libro de los Yogasutras, Patañjali caracteriza al sistema Yoga como ashtanga:  en sánscrito ashta, ocho, y anga, miembro, constituyente. Estos ocho miembros son:

Yama o restricciones: implica la no-violencia ahimsa, la veracidad satya, la honestidad asteya, el control de la energía sexual brahmacharya y el renunciamiento aparigraha.

Niyama o prescripciones: pureza shaucha, contentamiento santosha, ascetismo tapas, estudio svadhyaya, devoción Ishvara pranidhana.

Asana: se refiere a la disciplina física, a las posturas o yogasanas. Pero Patañjali no se explaya en este aspecto y sólo se refiere en general a la postura (se entiende que habla de cualquier postura de meditación) la cual debe ser firme shtira y cómoda sukham.

Pranayama o control de la respiración: una vez que el cuerpo está estable y relajado, el flujo de la respiración se vuelve más tranquilo y espontáneo hasta que prácticamente se detiene. Esto lleva naturalmente al siguiente estado.

Pratyahara o retracción de los sentidos: ahora la mente deja de estar enfocada hacia lo que ocurre en el exterior, no se perturba por los estímulos sensoriales, y se vuelve hacia el interior, hacia los procesos mentales.

Dharana, o concentración, es la capacidad de la mente de enfocarse en un solo objeto que puede ser un lugar corporal como la punta de la nariz o el espacio dentro del pecho; un proceso fisiológico como la respiración; o una imagen o símbolo como la llama de una vela.

Dhyana o meditación es la atención sostenida de la mente en ese único objeto.

Samadhi o contemplación, ocurre cuando la mente parece “vaciarse de sí misma” y se absorbe por completo en el objeto de meditación; es un estado de éxtasis en el que no existe diferencia entre el sujeto que medita y el objeto de la meditación.

Estos ocho miembros o aspectos no deben ser entendidos necesariamente como pasos o escalones ascendentes, aunque sí están presentados de menor a mayor complejidad: los cinco primeros constituyen el yoga externo, bahir-anga, y los tres últimos el yoga interno, antar-anga.

Estos ocho aspectos ordenan la práctica del Yoga como un verdadero método. Según Patañjali, la práctica de este yoga lleva a la destrucción de las impurezas o aflicciones (kleshas) mentales.

Aquel que practica yoga con compromiso, sabe que trabajar los yamas y niyamas, es trabajar consigo mismo, y que además es necesario entrenar el cuerpo, purificarlo, hacer prácticas de respiración para serenar la mente y prepararla para la meditación. Si practica estos aspectos con continuidad, logrará paulatinamente un cuerpo y una mente más libres de impurezas, podrá guiarse por su propio discernimiento y así llegará a estar cada vez más cerca de su ser verdadero.

Laura Paús

Ṣatkarma: última edición

Por Laura Paús

7 am, 10 de septiembre, La Plata.

shatkarma

Me levanto y aún entre el sueño y la vigilia, pongo el agua en la olla grande, la llevo al fuego, mínimo, para entibiar. Voy al baño, me lavo la cara, los dientes y me limpio la lengua con un banṭa de cobre (típico utensilio indio para ese fin).

Vuelvo a la olla, echo sal y voy probando, hasta que la salinidad del agua me recuerda el gusto agradable de un caldo. La temperatura es la del cuerpo, más o menos.

Lleno la lota (pequeña teterita para la limpieza nasal) y empiezo con jāla neti, la limpieza nasal con agua. El agua se precipita de una fosa hacia la otra y sale, arrastrando la mucosidad que encuentra a su paso. Para terminar, expulso el agua practicando kapālabhātī o respiración de fuelle y exhalo rápidamente y de manera alternada por ambas fosas nasales. Limpio el exceso de agua, y ya puedo sentir las vías respiratorias superiores despejadas. Los lagrimales y los ojos también se sienten más limpios.

Ahora, el plato fuerte: śaṅkhaprakśālana, la limpieza gastro-intestinal.

Vuelvo a mi olla y empiezo tomando dos vasos de agua de manera rápida. No me cuesta, ya lo hice muchas veces… ya no me lo cuestiono, no hay dudas. Aunque sé que esta vez será distinta y no tengo idea cómo será de distinta a las anteriores.

Practico la serie de āsanas de manera dinámica y siento cómo el agua se va precipitando del estómago hacia mis intestinos. Mi abdomen comienza a hincharse, sutilmente. Vuelvo a la olla y tomo dos vasos más de agua salada, lo más rápido que puedo y repito la serie de āsanas . Vuelvo a la olla por tercera vez, esta vez la toma se hace un poco más lenta… y cuando termino el segundo vaso de agua salada vuelvo a la serie para completar la última ronda del protocolo.

Ahora mi abdomen se ve hinchado y siento mucho calor, aunque en mi estómago queda lugar para un poco más de agua. Decido seguir y pasar el umbral de la práctica sencilla a la completa. No tengo nada que perder.

Aparece el primer impulso de ir al baño: la primera evacuación parece normal, no entraré en detalles, jaja! (vengo ayudando con dieta cruda y vegetales, los días previos).

Sigo practicando las āsanas de manera más tranquila e intuitiva ahora, según los movimientos que mi cuerpo pide y necesita. Vuelvo a sentir el impulso de ir al baño, ahora la evacuación se va haciendo más líquida e incluso aparecen partículas que me llaman la atención, pequeñas semillas quizás o restos de alimentos que han estado adheridos a las paredes de mi intestino… ¡agradezco liberarme de ellas!

Aprovecho este momento para aclarar que, parte del meollo de la cuestión en estas prácticas es poder atravesar ciertos tabúes y amigarse con aquellas situaciones que evitamos, o con aquello sucio y maloliente que negamos todo el tiempo y no queremos ver pero que, en definitiva, forma parte de nuestra realidad.

Sigo tomando agua, hasta completar diez o doce vasos, a estas alturas ya no importan tanto la cuenta y el protocolo, como lo que voy sintiendo; sigo practicando algunas āsanas y evacuando intermitentemente, hasta que la evacuación llega a ser líquida casi transparente y, lo notable ahora, es que la percibo como la misma agua que tomé momentos antes. Aquí paro. Me siento bien. ¡Envalentonada!

Me siento con ánimos como para seguir y dar un paso más. Entonces decido completar este proceso con la práctica de kunjal (el vómito inducido). Eso hará que la corriente de energía descendente (llamada apana) que se activó en mi cuerpo, con la práctica que acabo de terminar, revierta su curso y vigorice todos mis sistemas.

Esta es una de las prácticas que, en lo personal, más me cuesta hacer. De todos modos, aclaro que inducir el vómito con la misma agua salada, sin nada en el estómago, es muy diferente al vómito que todos conocemos: aquel de una descompostura, seguramente con comida en mal estado, en fin, cosas que es mejor olvidar… pero kunjal es distinto, muy distinto. Al activar esta corriente ascendente del prana, no sólo propiciamos la limpieza de la parte alta del estómago y el esófago, sino que en lo emocional suele tener un efecto profundo, ya que ayuda a liberar emociones literalmente “atragantadas” en el estómago, el pecho o la garganta. En fin, eso quiero, soltar lo que se acumuló en este canal desde el otoño pasado, o desde antes quizás, sí, tal vez desde mucho antes, desde que era niña, o desde no me acuerdo cuándo…

Ahora me cuesta tomar el agua, me da asco, pero logro tomar casi un litro. Muy rápido. Salgo al jardín y elijo un árbol o una planta y hacia ahí voy. Adopto la postura para la práctica, con las piernas un poco separadas y flexionadas, la espalda paralela al piso e introduzco mis dedos en la boca para producir el reflejo del vómito (sin esta ayuda me es muy difícil). Y el agua empieza a salir, como espasmos, en varios impulsos, hasta que no queda nada para expulsar. Mis ojos lagrimean, me limpio la cara, y me sorprende ver que esta vez fue mucho más fácil, casi sin esfuerzo. Siento una liberación en la zona de mi pecho difícil de poner en palabras, y la espalda, definitivamente más liviana.

Mi cuerpo comienza a enfriarse. Me siento unos momentos al sol, que en esta época todavía es tenue y recibo el agradable calor en mi piel y en todo mi cuerpo, muy agradable, como si pudiese absorber su energía… y me siento abrazada.

No sé que hora es… estoy profundamente relajada, algo cansada, quisiera dormir pero sé que no tengo que hacerlo todavía, porque mi metabolismo bajaría demasiado y podría dolerme la cabeza. Me sorprende la sensación de estar sin pensamientos, como si mi mente se hubiera detenido, sólo algunas sensaciones remanentes y algunos recuerdos que aparecen como si lo hicieran por última vez, para despedirse; siento una plácida nostalgia al dejarlos partir. Algunas cosas ahora se me presentan con claridad, cosas que tienen que ver con lo que necesito profundamente, con lo que deseo…  siento mucha paz.

Vuelvo a entrar a la sala, enciendo una vela y la coloco sobre un banquito a la altura de mis ojos, a un metro de distancia, aproximadamente. Y me quedo observándola. Allí descansan mis ojos, ahora siento la mirada completamente tranquila, no busca nada, sólo está receptiva a la luz, a los colores, a la imagen que se presenta cuando cierro los párpados y evoca la presencia de la llama, ahora con su centro entre rojo y fucsia intensos y el contorno azul, bellamente azul. Y así espero que se haga la hora para la comida.

La primera comida después de este proceso, aquella que empieza con un nuevo compromiso conmigo misma. Me perdono todo lo que hice, consciente o inconscientemente, en contra de mi cuerpo, mi energía, mis emociones. Todo aquello que fue en contra de mi corazón. Lo dejo atrás. Y me permito empezar de nuevo.

Estoy en el punto cero: posibilidad infinita.

Breve introducción a la práctica de Shatkarmas

Por Bruno Bolla

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“Shat” significa ‘seis’ y “karma” significa ‘acción’: los shatkarmas consisten en seis grupos de prácticas de purificación.

Según Swami Satyananda, “el propósito del Hatha Yoga, y por lo tanto de los shatkarmas, es crear armonía entre los dos flujos principales de prana (aliento vital), ida y píngala, para así lograr purificación y equilibrio físico y mental […], también se utilizan para equilibrar los tres doshas o humores  del cuerpo: kapha o moco, pitta o bilis, y vata o gases. Según el Ayurveda y el Hatha Yoga, el desequilibrio de los doshas genera enfermedades. Estas prácticas también se utilizan antes de los pranayamas y otras prácticas de Yoga superiores, con el fin de purificar el cuerpo de toxinas y garantizar el avance exitoso y seguro en el camino espiritual.”[i]

En nuestra escuela realizamos estas prácticas de manera comprometida y amorosa desde hace ya una década, habiéndolo incorporado quienes lo dictamos a nuestra vida cotidiana, como parte ineludible de nuestra agenda anual y de nuestra sadhana (práctica personal). Nuestra querida profesora Laura Paús a menudo suele decir que al finalizar su formación en el ashram (escuela) de Bihar, India, su maestra Swami Shaktimurti – discípula de Swami Satyananda – les dijo a los egresados y egresadas: “ahora vayan y enseñen aquello que se sientan seguros de haber aprendido”; y que ella comprendió al tiempo que aquella enseñanza consistía en transmitir la práctica de los Shatkarmas, al momento muy poco practicada en Occidente.

“Estas técnicas poderosas no se deben aprender de los libros o de personas sin experiencia. Según la tradición, sólo quienes han recibido instrucción de un gurú las pueden enseñar a otras personas”.[ii]

Adaptado a nuestro contexto cotidiano-urbano actual, los shatkarmas que enseñamos en Premkutir están orientados exclusivamente a practicantes de Yoga, ya que si bien en los textos fundacionales del Yoga shatkarma antecede a asana (posturas), la realidad es que frente a los hábitos del siglo XXI (alimenticios, físicos, sociales, etc.) resultaría contraproducente y hasta arriesgado practicar shatkarmas para quienes aún no tengan el preparamiento físico adecuado y cuyo cuerpo no esté también en el camino de purificación que constituye la práctica regular de asanas y pranayamas.

Esta serie de limpiezas se realizan tradicionalmente dos veces al año: al comienzo del otoño y al comienzo de la primavera, coincidiendo así con los cambios estacionales fuertes en los cuales el metabolismo más se desestabiliza y sufre bajas en las defensas, alergias, gripes, etc., con el objetivo de enfrentar mejor estos cambios. Semanas o días antes de las prácticas recomendamos a los y las practicantes realizar un ayuno, o al menos tener ciertos reparos en la alimentación, para llegar al día de las prácticas habiendo avanzado ya en la desintoxicación del propio cuerpo y que de esa manera la limpieza sea más sencilla, y también más profunda. Recomendamos comer mayoritariamente frutas, verduras, cereales y semillas y fundamentalmente evitar los alimentos procesados y envasados, las carnes y lácteos, dentro de la medida y posibilidades de cada practicante. También los/as acompañaremos durante este proceso.

A su vez, aunque estén agrupadas en serie, las prácticas son autónomas e individuales, y durante las jornadas de shatkarmas solemos enfatizar en que cada practicante debe realizar sólo aquellas con las que se sienta a gusto.

Las prácticas que solemos enseñar son:

  • Kapalabhati (técnica de pranayama aquí empleada como shatkarma conocida como respiración “de fuelle”, que activa el fuego digestivo, eliminando las impurezas a nivel digestivo/abdominal y que también limpia la mente, otorgando claridad de pensamiento).
  • Jala neti (proceso de limpieza con agua de las fosas nasales, que barre las enfermedades situadas a nivel superior del cuerpo, como el exceso de mucosa, migrañas, etc.).
  • Lagoo Shankprakshalana (lavado intestinal corto con agua, limpia el canal alimentario completo).
  • Kunjal (limpieza del estómago con agua, complementario energético de la práctica anterior).
  • Trataka (limpieza de los ojos y la mente mirando un pequeño objeto o la llama de una vela, que entre otros beneficios mejora el poder de concentración).

Las prácticas son realizadas bajo supervisión y acompañamiento constante y en un ambiente de camaradería, donde se busca propiciar un estado general de antar mouna (silencio interior) puesto que son prácticas muy poderosas que a menudo remueven y limpian el cuerpo y la mente y psiquis profunda, y nos dejan en un estado realmente introspectivo, del que es necesario ser testigo y estar presente.

Especialmente la primera vez que se las practica su efecto de remoción y limpieza de toxinas físicas, mentales y emocionales es realmente muy grande, por esto los shatkarmas constituyen una especie de “caricia” al ser, de respetuoso cuidado de sí; de limpieza y purificación a través de técnicas simples, empleando los propios elementos de la naturaleza (agua, fuego, aire) y a su vez acercándonos más a ella. Es por eso que los días posteriores a la práctica es recomendable continuar el ayuno, en el sentido amplio que designa la palabra sánscrita anna (alimento): todo aquello que es percibido a través de los sentidos, por ejemplo comiendo lo más natural posible, o evitando el exceso de estímulos externos.

Es preciso estar especialmente conectado/a con el propio ser los días posteriores. También durante esos días acompañaremos a los practicantes, estando disponibles para consultas, tal como nos acompañamos nosotros/as mismos/as cada vez que lo practicamos.

[i] Swami Satyananda (2008), Asana pranayama mudra bandha, Bogotá, Colombia: Yoga Publications Trust, pág. 503.

[ii] Ídem.

GALLETAS CON SABOR A MAMÁ

Sin gluten ni azúcar!!!

53100494_487092368489665_2134186137193807872_nIngredientes:

  • Mijo 100gr
  • Quinoa 100gr
  • Coco rallado 100gr
  • Chía 1cda sopera
  • Aceite de coco 1cda sopera
  • Esencia de vainilla 1cda sopera
  • Cáscara de 1 limón o  naranja rallada.
  • Estevia líquida 10 a 12 gotas aprox.
  • Bicarbonato de sodio 1 cdita de café.
  • Arándanos disecados o pasas de uva para decorar.

Lavar el mijo y la quinoa con abundante agua y luego dejar en remojo por unas horas, o de la noche a la mañana… (también se pueden utilizar las harinas de estos cereales y no es necesario el lavado ni el remojo).  Escurrir y poner en licuadora o mixer con el jugo de una naranja o dos (colocar la mínima cantidad de líquido para que se trituren los cereales), y lugo agregar jugo de naranja hasta que quede una masa líquida que se pueda licuar sin problemas.

Agregar la vainilla y la estevia, la chía, el aceite de coco, el coco rallado y el bicarbonato, y licuar hasta que la mezcla esté homogénea.

Verter esta masa semi-líquida en una o 2 asaderas antiadherentes o pirex y colocar arándanos disecados o pasas de uva para decorar. (mover la asadera en forma circular para que la masa se estire y se reparta pareja y quede lo más finita posible).

Cocinar en horno a 120 grados durante una hora o un poco más, hasta que quede seca y crocante. Romper en trozos. Y comer!!!

 

 

 

 

Śūnyatā

white black pagoda temple
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Por Laura Paús

Enero. Decidí viajar a la montaña para cambiar de aires. El ajetreo del año apenas finalizado parecía no detener su inercia. El ritmo de los acontecimientos me había superado. Necesitaba claridad.

Un templo del budismo zen en medio de las sierras. La noticia de su existencia llegó en el momento indicado. Ojo de agua, su nombre (decían que allí brotaba el agua de un manantial).

El viaje fue corto, sin complicaciones. Rápidamente estuve allí. Quizás ya había estado allí. El lugar me era familiar, profundo, sencillo. El tiempo detenido y la certeza sin tiempo: qué pequeña era allí sola… y sin necesidad de nada. Los árboles, los pájaros, el viento, la paz. La plenitud se respiraba en aquel lugar.

Una austera puertita de ramas sobre un alambrado. Un cartel. Unas letras dibujadas a mano decían “monjes meditando” y un dibujo de unas manos en postura de meditación me decían mucho más. Busqué ese gesto en mi libro compañero de viaje Manual de filosofía zen: “….mudra, símbolo del vacío, puerta de acceso a la meditación.” No pude encontrar más información.

Más allá del cerco se divisaba el templo, construido sobre una plataforma. El equilibrio de su techo a cuatro aguas. Su arquitectura despojada. Sus ventanas y un inocente caminito sinuoso desembocaba en un acceso lateral. Pero por el momento yo debía permanecer detrás de la pequeña puerta. Como una frontera de incertidumbres me separaba del lugar de mi deseo y aquella separación disparaba un torbellino de fantasías en mi mente. Al otro lado, un séquito de monjes, con sus trajes llenos de pliegues. Seguramente meditaban. Una energía especial inundaba el lugar. Podría unirme de un momento a otro. Sólo era cuestión de esperar. Me desentendí de mi mochila  y me senté frente a la pequeña puerta. Sólo esperar. Alguien saldría y me invitaría a pasar. La tierra y la hierba comenzaban a humedecer mis pantalones. Una sensación de frescura e inmediatez me rodeaba.

Unos golpes sordos sobre una madera captaron mi atención. Un eco. Me quedé escuchando, atenta… Nada… Y otra vez. Comenzaban amables y pausados… se iban precipitando… se perdían en la amplitud del paisaje. El eco. Recordé el llamado a meditación que se realizaba en estos templos: Al costado de la puerta una especie de martillito de madera se golpeaba sobre una tablilla también de madera. ¿Sería al fin éste el llamado al que debía responder? Y otra vez. Los golpes. Ahora provenían desde lo alto. Resonaban sobre mi cabeza. Elevé la mirada y sobrevino el asombro: un pájaro carpintero, golpeaba con su pico afilado la rama de un árbol.

El tiempo trancurría y todo seguía igual. Habrían pasado dos horas. El sol se esccondía y mi soledad, entre las sombras, comenzaba a inquietarme. Pero decidí esperar un rato más. Ya estaba allí. No había mucho que perder. Mis expectativas iban cayendo junto con la tarde. Mis pensamientos se aquietaban. Los colores se hacían más tenues. La mirada perdida hacia la tierra. Comencé a observar el suelo árido, con algunos sectores cubiertos de un pasto en apariencia débil y descolorido. Otros lamparones sólo de tierra. Esta imagen poco alentadora ocupaba mis pensamientos cuando, sorpresivamente,  mis ojos dejaron de fijarse en algo en particular y, en un instante, tuve ante mí la visión completa del lugar, la tierra en la que estaba sentada se volvió transparente y pude divisar que había algo más allá; traté de mantener la calma y la mirada relajada, aquella mirada cautiva que ya no partía de mis ojos sino de algún sitio inmensamente más profundo dentro de mí… comencé a ver que aquellos lamparones sin pasto se cubrían de brotes de un verde muy intenso que crecían  desde muy adentro de la tierra y aquella visión me llenaba a tal punto que apenas necesitaba respirar y ante mí que no era más que algo invadido por el asombro pude ver cómo esas hierbas cada vez más intensamente verdes crecían en forma de espiral como si sus pequeñas hojas fueran peinadas por un remolino cuyas vueltas se perdían hacia el infinito…

La noche lo cubrió todo. Emprendí mi camino. Más tarde supe que aquel lugar se encontraba, en esa época del año, deshabitado.

Contar para comprender

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Repasar la propia historia, una y otra vez, borrar, tachar y reescribir, reordenar los hechos, hasta encontrar las palabras que estén a la altura de nombrarlos y dar sentido al relato, hasta esbozar una versión definitiva o que, al menos, nos conforme por un tiempo y permita al caos ordenarse, permita dar forma a lo que fue para volver a dar un paso en algún sentido incierto, para volver a andar lo nuevo conocido, lo nuevo desconocido y lo que aún no ha sido nombrado…

Yoga-sādhanā

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“El yoga tiene que jugar un papel especial en el mundo actual. Únicamente su práctica puede quitar las afecciones mentales y físicas; puede llevar alegría a nuestros corazones y a nuestros hogares”

Swami Satyananda

 

El concepto de Sadhana, traducido como un “medio para lograr algo”, es definido por Satyananda como el conjunto de todas las prácticas que adoptamos deliberadamente para quitar imperfecciones de la personalidad (físicas, mentales, o de cualquier índole), y está creada para re-conducir la mente, el intelecto, las emociones, y el cuerpo en una unión integral: “A través de Yoga Sadhana uno puede conseguir la ecuanimidad, la serenidad y mantener la mente enfocada con una firme determinación. También se recupera la confianza perdida en uno mismo. Todas estas cualidades son esenciales para poder vivir con éxito en todas las esferas de la vida, siempre y cuando sepamos cómo utilizar las energías generadas con las prácticas del Yoga Sadhana”.

Entre los grandes aportes que hizo este maestro al Yoga, se encuentra el haberlo adaptado a las necesidades de la vida actual- urbana, entendiendo que las realidades de los practicantes están pobladas de prioridades ineludibles como el trabajo, el cuidado de la familia, las responsabilidades sociales, religiosas, etc., pero indicando también que una vez que esta realidad ha sido comprendida la visión de auto-realización no debe perder brillo, así sea en la mitad de un trabajo incesante y duro.

A su vez, las actividades diarias suelen dejar como consecuencia ansiedad, frustración, cansancio físico y mental, agotándonos y desgastándonos, y el yoga, expresado a través de la sadhana, es un remedio poderoso contra esas fuerzas de destrucción, para cualquier persona que desee practicarlo, sin distinción de sexo, edad, creencias, etc. La clave del éxito en Yoga está en la constancia en la práctica, es por eso que la sadhana debe ser diaria, o al menos lo más regular posible.

Cómo graduar nuestra energía de un modo inteligente?

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Este reloj ayurvédico nos ayuda a ser conscientes de las energías predominantes en los distintos momentos del día y aprovecharlas, para hacer las cosas con menor esfuerzo y mejores resultados.
2-6am: El momento previo al amanecer (esto se ajusta a los horarios de cada región) es el ideal para la higiene personal y la evacuación, porque es cuando el dosha vata está más activo. Luego, es el mejor momento para meditar y hacer nuestra práctica de yoga. 

6-10am: Hacer un desayuno liviano pero nutritivo, y comenzar a desarrollar las actividades del día de manera organizada (no correr!). Es la energía de kapha que empieza a movilizarse y necesita tiempo para entrar en ritmo…

10am-2pm: Es la hora cercana al mediodía, donde la energía del fuego y el metabolismo (pitta) está activa. Es el momento para las grandes estrategias y para completar el grueso de un trabajo desafiante, para luego tener un buen almuerzo (esta debería ser nuestra principal comida del día).

2-6pm: Buena hora para actividades creativas, programar las actividades para la mañana siguiente, hacer ejercicio.

6-10pm: La hora cercana al atardecer es el momento para hacer una cena liviana (al menos 2hs antes de ir a dormir), compartir en familia, acitidades de relax y disfrute.

10pm-2am: Hora de ir a la cama y procesar todo lo que incorporamos a lo largo del día: alimentos, pensamientos, emociones, etc.

Cuanto más te acerques a este ciclo, más equilibrio para tu vida. Si todavía estás lejos, empezá adelantando el horario de levantarte y el de irte a dormir unos pocos minutos cada día, respetando las horas de sueño que necesitás realmente. Y tratá de identificar qué hábito/s es/son el/los que más te perjudica/n y creá una estrategia para cambiarlo/s.

No lo dejes para después, empezá ya! Y experimentá cómo transcurre mejor tu día a día, sin tantos tironeos ni tanta exigencia y con más equilibrio. Que tengas buena semana!!!

 

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