Satya

momento-chai-2Por Laura Paús

Satya, veracidad, se describe generalmente en la literatura yóguica como un estado en el cual nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestras acciones están en armonía. Y como consecuencia de alcanzar ese estado, nuestras palabras se volverían más potentes y nuestras acciones más fructíferas…

Me pregunto cómo hacer para vivir en Satya, cuando nuestra mente tiene tantos recovecos y mecanismos inconscientes de ocultamiento, negación o control. A veces, sin darnos cuenta, actuamos siguiendo los mandatos de nuestra mente y nos olvidamos de preguntarle al cuerpo qué necesita, o al corazón qué siente…

En lo personal, me ha servido mucho buscar espacios de sinceramiento y escucha, y preguntarme: ¿qué estoy sintiendo en este momento? O, ¿qué necesito para sentirme serena y en armonía? Incluso, ante alguna situación conflictiva o desafiante, trato de preguntarme: ¿qué me surge, desde lo profundo, hacer ante esta situación? Aunque muchas veces, eso que surge hacer no tenga demasiada explicación racional y hasta parezca, incluso, negar el mundo del “debería ser” de la mente o descuidar ciertos mecanismos aprehendidos de una moral que nunca se cuestiona.

Como todo en Yoga, creo que es un desafío y un ejercicio interesante buscar, una y otra vez, el modo de entrar en contacto con lo que siento y creo verdaderamente, no hablo de una especie de impulso romántico de seguir “lo que dicta el corazón” sin importar las consecuencias; sino más bien, de la posibilidad de contactar con aquello que se presenta en los lugares más viscerales de la mente (el corazón quizás?) a los que posiblemente se acceda por medio del silencio o de la meditación profunda. Y confiar en aquello que aparece ahí como verdadero, asumiendo la responsabilidad de las consecuencias, aunque eso “verdadero” no tenga demasiada explicación lógica y por momentos, hasta parezca rozar la locura.

Confiar en eso y dejarme guiar por el impulso, muchas veces tembloroso, dubitativo, de caminar por terrenos misteriosos y abandonar la “zona de confort”, a riesgo de equivocarme. Pero eso, creo, siempre va a ser más genuino que lo otro, que el impulso autómata de cumplir con el afuera y dejar a todos contentos, menos a mí misma; al actuar unívoco que no da lugar a la riqueza de lo imperfecto, de lo inconcluso que busca completarse, de aquello que desea y que, posiblemente, exprese la sencilla -o más bien complicada- belleza de lo humano.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: