Sūryanamaskāra

Surya

Sūryanamaskāra es una técnica bien conocida y vital dentro del repertorio del yoga. Si bien ésta es una técnica incorporada más recientemente en nuestra disciplina, la comtemplación del sol es algo que ha estado presente desde tiempos remotos en culturas como la de la India. Estar al sol por unos 15 ó 20 minutos diarios, evitando las horas del mediodía, es un hábito que mejora la salud y el estado de ánimo.

La práctica de Sūryanamaskāra nos ayuda a relacionarnos con el astro sol como un símbolo de fuente de vida y, de este modo, tenerlo más presente en la vida cotidiana. Su práctica diaria induce una vida sana, vigorosa y activa, sobre todo en los meses de invierno en los que más nos hace falta su energía.

Sūryanamaskāra es prácticamente una sadhana en sí misma, ya que contiene elementos de asana, pranayama y meditación dentro de la estructura principal de la práctica. Cuando se practica con regularidad, el cuerpo comienza a vigorizarse y también a purificarse, ya que activa el elemento fuego dentro de nosotros, es decir, aquellos aspectos ligados al metabolismo corporal.

Así que … Apracticar!

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El ashtanga yoga de Patañjali

Cuando se habla del ashtanga yoga, sin duda se trata de la primera sistematización del Yoga hecha por Patañjali, considerado por muchos como el padre de esta disciplina, en los primeros siglos de la era cristiana.

En el segundo libro de los Yogasutras, Patañjali caracteriza al sistema Yoga como ashtanga:  en sánscrito ashta, ocho, y anga, miembro, constituyente. Estos ocho miembros son:

Yama o restricciones: implica la no-violencia ahimsa, la veracidad satya, la honestidad asteya, el control de la energía sexual brahmacharya y el renunciamiento aparigraha.

Niyama o prescripciones: pureza shaucha, contentamiento santosha, ascetismo tapas, estudio svadhyaya, devoción Ishvara pranidhana.

Asana: se refiere a la disciplina física, a las posturas o yogasanas. Pero Patañjali no se explaya en este aspecto y sólo se refiere en general a la postura (se entiende que habla de cualquier postura de meditación) la cual debe ser firme shtira y cómoda sukham.

Pranayama o control de la respiración: una vez que el cuerpo está estable y relajado, el flujo de la respiración se vuelve más tranquilo y espontáneo hasta que prácticamente se detiene. Esto lleva naturalmente al siguiente estado.

Pratyahara o retracción de los sentidos: ahora la mente deja de estar enfocada hacia lo que ocurre en el exterior, no se perturba por los estímulos sensoriales, y se vuelve hacia el interior, hacia los procesos mentales.

Dharana, o concentración, es la capacidad de la mente de enfocarse en un solo objeto que puede ser un lugar corporal como la punta de la nariz o el espacio dentro del pecho; un proceso fisiológico como la respiración; o una imagen o símbolo como la llama de una vela.

Dhyana o meditación es la atención sostenida de la mente en ese único objeto.

Samadhi o contemplación, ocurre cuando la mente parece “vaciarse de sí misma” y se absorbe por completo en el objeto de meditación; es un estado de éxtasis en el que no existe diferencia entre el sujeto que medita y el objeto de la meditación.

Estos ocho miembros o aspectos no deben ser entendidos necesariamente como pasos o escalones ascendentes, aunque sí están presentados de menor a mayor complejidad: los cinco primeros constituyen el yoga externo, bahir-anga, y los tres últimos el yoga interno, antar-anga.

Estos ocho aspectos ordenan la práctica del Yoga como un verdadero método. Según Patañjali, la práctica de este yoga lleva a la destrucción de las impurezas o aflicciones (kleshas) mentales.

Aquel que practica yoga con compromiso, sabe que trabajar los yamas y niyamas, es trabajar consigo mismo, y que además es necesario entrenar el cuerpo, purificarlo, hacer prácticas de respiración para serenar la mente y prepararla para la meditación. Si practica estos aspectos con continuidad, logrará paulatinamente un cuerpo y una mente más libres de impurezas, podrá guiarse por su propio discernimiento y así llegará a estar cada vez más cerca de su ser verdadero.

Laura Paús

Encurtidos: otro modo de cocinar

Cuando pensamos en cocinar los alimentos creo que la primera idea que surge es hacer que el fuego transforme el alimento crudo en algo más fácil de digerir. Además, nos pesa la tradición… alguien en casa seguramente cocinaba y esto nos trae una sensación de cobijo, nutrición y amor. Esta carga afectiva, asociada al alimento, es mucho más fuerte que cualquier verdad científica archidemostrada, a la hora de querer cambiar un hábito!

Por eso, si estamos queriendo hacer una transición hacia una alimentación más saludable y especialmente «viva», podemos contar con otras herramientas para transformar los alimentos, calentarlos e imprimirles esa cuota de amor que los vuelve irresistibles.

La sal, el limón y el vinagre, tienen esa cualidad calentante que es capaz de transformar alimentos que en crudo nos resultan indigestos (como la berenjena,  la calabaza, la cebolla, el morrón, etc.) para hacerlos sumamente sabrosos gracias al proceso de ENCURTIDO que, seguramente, nos traerá reminiscencias de nuestro pasado nutricional afectivo. Además, otra cosa que, en general, aseguraban las madres, tías o abuelas, era que siempre había algo en la alacena para ir a buscar en momentos de necesidad o cuando por alguna razón ese día no se cocinaba…

Así que son varias las razones para retomar o comenzar con la técnica de encurtir los alimentos. Acá les dejamos una receta muy fácil y gustosa:

Encurtido de berenjenas vivas: en 3 pasos!

1-Cortar las berenjenas en cubitos, agregar cebollita, morrón, a gusto.
2-Masajear con sal andina y limón, hasta que se pongan transparentes y salga jugo y dejar reposar toda la noche (tapado con film).
3- Retirar el jugo y condimentar con cúrcuma en polvo, comino, pimienta, pimentón, ají molido, tomillo, orégano, a gusto. Colocar en frasco de vidrio con aceite de oliva hasta cubrir.

Guardar en heladera y esperar una semana para comer!!!

Qué tiene que tener un alimento para ser ayurvédico?

especias

Muchos creen que ciertos alimentos como el jengibre o la cúrcuma son ayurvédicos; mientras que otros, como el tomillo (abundante en nuestro país), por no nombrarse en el Ayurveda no lo son. Lo importante aquí, es que un alimento es ayurvédico si se lo considera desde una perspectiva ayurvédica, esto es, teniendo en cuenta sus cualidades:

  1. ¡Que esté VIVO! cuanto más cerca esté el alimento de su fuente de origen mejor será para nosotros.
  2. Que sea sáttvico, es decir, que sea auténtico, que conserve los más intactas posible sus cualidades naturales (no manipulado y sin aditivos). Cualidades como orgánico o vivo contra híbrido, transgénico, industrializado, no eran un tema en el Ayurveda de hace 5000 años en la India, pero sí se vuelve imprescindible considerarlos hoy, tratando de buscar la mejor calidad disponible en la región.
  3. Cualidades particulares: tener en cuenta si es pesado o liviano, frío o caliente, salado o dulce, etc. Y ver si nos favorece según nuestra constitución y circunstancias particulares.

TOMARLO CON CALMA: Recordemos que este es un proceso de aprendizaje en el que es bueno respetar los ritmos de cada uno. Unir siempre la TEORÍA con la PRÁCTICA guiados por la intuición ya que esto nos conducirá, en definitiva, a lograr un conocimiento verdadero y nutritivo, que pueda integrarse en nuestras vidas.

Saṃtoṣa

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Saṃtoṣa es una de las actitudes a observar por aquel que practica yoga y nos habla de un estado de contentamiento que surge cuando nos sentimos satisfechos y en calma con lo que tenemos y con las circunstancias que vivimos.

Pero, ¿cómo tener este sentimiento de satisfacción en una sociedad que se alimenta de nuestra sensación de insatisfacción? ¿cómo estar en calma con lo que tenemos si todo el tiempo el afuera se encarga de generarnos la necesidad y el deseo de lo que no tenemos?

Empezar por reconocer y entrar en contacto con nuestras necesidades reales, nuestras carencias tanto materiales como afectivas, psicológicas, espirituales, puede ser un primer paso hacia saṃtoṣa. Empezar a ocuparnos, con madurez, de lo que realmente nos importa para sentirnos, aunque sea en parte, más a gusto con nuestra existencia. Dejar ir el sabor amargo de lo que no fue y caminar hacia lo que puede ser, atravesar los miedos y soltar el pesado legado de las culpas.

Por otro lado, saṃtoṣa no implica resignarnos a no cambiar nada, o, a no conseguir nuestros deseos por las situaciones adversas que podamos estar viviendo; más bien surge como resultado de la renuncia activa a aquello que deseamos. Pero es imposible o, al menos, difícil renunciar a algo que no se posee o no se conoce. Y esto nos lleva un paso más allá, el de mirar cara a cara nuestros deseos y ver qué hacer con ellos, cuántos son quizás sólo ilusiones y cuántos merecen ser tenidos en cuenta para conducir nuestras acciones…  tarea difícil que implica tiempo, energía y esfuerzo…

Pero ¿en cuántas cosas más que en nuestros deseos genuinos vale la pena invertir nuestro tiempo, nuestra energía y nuestros esfuerzos?

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